¿Es la obesidad un factor protector para la osteoporosis?

portada osteoporosi

La obesidad y la osteoporosis están creciendo exponencialmente en todo el mundo, y las dos están relacionadas con la dieta y la falta de actividad física. En el 2008 se estimó que 1.500 millones de personas padecían obesidad en todo el mundo.

Se dice que la osteoporosis es una patología silente, ya que no cursa con dolor. Una vez esta patología está establecida, empiezan las complicaciones como son las fracturas. En los Estados Unidos, un 55% de la población por encima de 50 años sufre osteoporosis.

Tradicionalmente se ha considerado que el sobrepeso y la obesidad era una factor protector para prevenir la osteoporosis, debido a que los huesos, como cualquier otro tejido de nuestro cuerpo, necesitan un cierto estrés para mineralizarse y formar nuevo tejido. Por este motivo se creía que si nuestros huesos sustentaban más peso, esto provocaba un aumento de la síntesis de masa ósea, y en parte es cierto. Pero todo esto no es tan simple, y como veremos a continuación hay otros factores determinantes en la mineralización de nuestros huesos.

Nuestro esqueleto no es un tejido estático, sino que nuestro cuerpo va formando y destruyendo tejido óseo a lo largo de toda la vida. Explicado con pocas palabras y sencillamente, las células encargadas de formar hueso se llaman osteoblastos, y las encargadas de destruirlo se llaman osteoclastos. Para poder disponer de una buena salud ósea, la tasa de formación y destrucción del hueso tiene que estar equilibrada. Lógicamente, si hay una sobreactivación de los osteoclastos habrá una pérdida de mineralización ósea como consecuencia.

Los mecanismos que pueden favorecer esta pérdida de hueso son varios, y entre ellos están la falta de carga de peso, una disminución de los estrógenos y un aumento del cortisol, una mala absorción del calcio, niveles bajos de hormonas del crecimiento, falta de vitamina D y concentración anómala de citoquinas y adipoquinas.

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La obesidad está íntimamente relacionada con la inflamación de bajo grado (Low-grade inflamation), una producción anormal de citoquinas proinflamatorias, un incremento de los reactantes de fase aguda y una activación de las vías de señales inflamatorios. Todos estos procesos son responsables y están involucrados en el desarrollo de las patologías relacionadas con la obesidad. Las personas obesas expresan más concentración de citoquinas proinflamatorias com son el factor de necrosis tumoral-α (TNF-α), interleuquina-6 (IL-6) o la proteïna C reactiva (CRP).

Por otra parte, el tejido adiposo no es un simple almacén de grasa el cual su única función sea la de almacenar calorías sobrantes en forma de adipocitos. Se ha visto que es un órgano endocrino muy importante, el cual genera muchas hormonas que regulan diferentes procesos corporales.

Dos de estas hormonas son la leptina y la adiponectina, que están íntimamente relacionadas con la sensación de hambre y la inflamación. La leptina es una hormona segregada por el tejido adiposo para avisar al cerebro que hay suficientes reservas energéticas y así desactivar la sensación de hambre. Las personas obesas tienen una alta concentración de esta hormona, y se podría pensar que con estos niveles tan altos de leptina deberían perder la sensación de hambre, pero no es así. Resumiendo y con pocas palabras, ya que hablar de la leptina y sus funciones nos podrías ocupar varios posts, la gran cantidad de leptina que hay en el cuerpo de las personas obesas hace que se cree una resistencia a la misma, y como consecuencia no pierdan la sensación de saciedad. También se ha visto que esta hormona estimula la respuesta inflamatoria en los humanos interfiriendo en la creación de citoquinas proinflamatorias. Por el contrario, la adiponectina actúa como una citoquina antiinflamatoria suprimiendo el TNF-α. En las personas obesas esta citoquina tiene una menor concentración que en las personas delgadas.

Las personas obesas, al tener gran concentración de leptina y baja de adiponectina, tienen una gran acumulación de citoquinas proinflamatorias. Éstas son capaces de regular la producción de osteoclastos y así interferir en la reabsorción ósea. A más TNF-α, iL-6 y CRP, mayor será la diferenciación de osteoclastos y mayor la reabsorción ósea, pudiendo provocar osteopenia y osteoporosis.

En un estudio de casos-controles de 100 sujetos con fracturas y 100 sujetos libres de fracturas, con edades similares, se relacionó el índice de masa corporal aumentado con un mayor riesgo de fracturas.

Por otra parte, en un estudio transversal de 13.000 personas adultas, se relacionó la obesidad con un mayor riesgo de fracturas no espinales y mayor osteopenia.

Conclusiones

Así pues, podemos desmentir el mito que la obesidad era un factor protector para la osteoporosis. No tiene ningún beneficio ser obeso. Además, las personas obesas tienen un mayor riesgo de sufrir fracturas y desarrollar osteopenia y osteoporosis.

En definitiva, para prevenir la osteoporosis es conveniente tener un índice de masa corporal óptimo, y sobre todo no tener un porcentaje de rasa acumulada muy elevado. Por otra parte, para estimular la fabricación de masa ósea, la mejor opción es realizar ejercicios con carga.

 

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