Experiencia personal

En este post intentaremos revelaros cual ha sido nuestra experiencia y porqué queremos compartirla con vosotros.

MAX:

Yo siempre me he considerado una persona sana. Nunca he sufrido enfermedades serias, y siempre me he encontrado bien. Sí que es cierto que cada cierto tiempo solía coger algún catarro, dolores estomacales que me provocaban fiebres altas, y mucha mucosidad y tos que me duraba más de 2 semanas. El tiempo que pasaba “sano” solía ser unos 3 meses, pero yo lo veía como una cosa normal, ¿quién no tiene resfriados cada dos por tres? ¿A quién no le duele la barriga de vez en cuando? Es verdad que yo me ponía más enfermo y más a menudo, pero la explicación que me daba era que tenía las defensas bajas por alguna razón ajena a mi control, y que esto se solucionaría con la edad.  Nada más lejos de la realidad, ya en la edad adulta pasé una racha muy fuerte de dolores gastrointestinales sin causa aparente. En esos momentos ya no sabía qué hacer, ya que el dolor era muy frecuente y con mucha intensidad.

Entonces una profesora de la carrera de fisioterapia me habló de la paleodieta. A mí me picó la curiosidad y empecé a informarme y estudiar esta dieta. Decidí hacer un cambio radical en mi alimentación y dejar todos los productos industriales, cereales, legumbres, lácteos y azúcar de golpe. Soy de esas personas que piensan que si haces una cosa la haces bien y con todas las letras, o no la haces. Al principio fue duro cambiar la rutina y pensar en los menús de una forma distinta, ya que muchos de los alimentos que consumía diariamente ya no estaban en mi dieta. Lo que más me costó fue eliminar mi bocadillo del almuerzo, pero una vez me acostumbré a DES-ayunar (después de un buen entreno) tortilla con batido de frutas, o cosas similares, ya no pensaba en el bocadillo de chorizo.

El cambio de alimentación me generó una mejora impresionante en mi sistema inmune. Mi flora intestinal se recuperó, y hasta el día de hoy puedo decir que ya casi no me pongo enfermo, y cuando esto ocurre, son catarros de máximo 2 días. Los problemas intestinales han desaparecido, y como con más hambre que nunca y disfruto muchísimo mis comidas a lo troglodita!

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ANE:

El estilo de vida paleo me cambio la vida.  Yo también era una persona que creía no estar enferma, que pensaba que tener migrañas, estreñimiento, dolor estomacal, acidez, otitis, conjuntivitis, dismenorrea  o incluso lesiones musculares era algo totalmente normal y habitual en mi entorno. Mi pareja Max, decidió probar una nueva manera de alimentarse y retirar unos alimentos de su dieta. Al principio se le hacía duro, así que decidí acompañarle en esta aventura.

Mi primer pensamiento fue: ¿ahora no hay postre? Qué cosas, yo no era de tomar postres en casa, pero el hecho de retirar de la dieta los dulces o los lácteos me hizo desearlos y ansiarlos. Esto me hizo reflexionar: ¿Cómo funciona el cerebro humano? ¿Por qué me siento enganchada al yogurt de fresa, si en la vida he querido tomarlo como postre? ¿QUÉ PASA? Las respuestas eran todas la misma y bien sencillas: EL AZÚCAR!!!

¡Estoy enganchada al azúcar! Darme cuenta de esto fue muy duro. Mi compañero Max lo llevaba más o menos bien, echaba de menos el pan, alguna galleta…pero yo,  estaba sufriendo.  Mi dolor de cabeza volvió más rápido de lo que pensaba, y volví al mismo pensamiento: ¿QUÉ PASA? ¿A caso estoy sufriendo algún tipo de síndrome de abstinencia? Rápidamente caí en la tentación de comer azúcar, yogures, helados, creps….Me he pasado exactamente un AÑO Y MEDIO tonteando con el azúcar: un día sí, dos no, vuelvo a probar…..engañándome completamente. Investigué el asunto, y no fue difícil, internet está plagado de noticias y artículos científicos en los que demuestran y comentan que el azúcar es tan adictivo como la cocaína. Terminé la carrera, me instale en lo que sería mi nuevo hogar  y ordené mi vida, pasando de ser estudiante a no serlo. Fue entonces cuando decidí dejarlo definitivamente, seguir este estilo de vida de una manera más seria, pero esta vez no me costó nada. Las tentaciones han desaparecido desde entonces y todo es porque al fin he podido dedicarme a mí y a mi salud, a mi pareja, a nuestra casa, a nuestra familia. Todo está en armonía. ¿Por qué esta vez no me ha costado ni lo más mínimo retirar el azúcar de mi vida? Porque así lo quería. Quiero sentirme bien, tener salud, no quiero sufrir lesiones, no quiero enfermar, no quiero que a mi cuerpo le cueste eliminar toxinas o simplemente trabajar, no quiero poner impedimentos a cómo debe funcionar el cuerpo, solo quiero ayudar a que funcione correctamente, a que todo siga su curso como debería.

La retirada de los lácteos y cereales no ha costado tanto como el azúcar pero es interesante que sepáis todos los síntomas que han desaparecido desde que he eliminado dichos alimentos. Sin ellos han desaparecido: los dolores de cabeza, la dismenorrea, el estreñimiento, las diarreas, las malas digestiones, los mocos, lesiones en piernas, las inflamaciones…Han disminuido: la tristeza y la pereza. Pero también han aparecido: las buenas digestiones, el ir al baño correctamente, la vitalidad, la alegría, el sentirme sana…

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